El Consejo de Europa ha dado un paso firme contra las llamadas “terapias de conversión”, prácticas dirigidas a cambiar, suprimir o negar la orientación sexual, la identidad de género o la expresión de género de una persona. Tras un intenso debate parlamentario, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE) aprobó una resolución que recomienda a los 46 Estados miembros prohibir de forma clara estas prácticas, calificadas como anticientíficas, dañinas y contrarias a los derechos humanos.
Un rechazo claro a prácticas dañinas
La resolución define las “terapias de conversión” como cualquier medida basada en la falsa creencia de que la orientación sexual o la identidad de género son patológicas, indeseables o modificables. Según el texto aprobado, estas prácticas no solo carecen de base científica, sino que causan daños psicológicos profundos y duraderos a quienes las sufren, especialmente a menores.
El resultado de la votación fue contundente: 71 votos a favor, 26 en contra y dos abstenciones. La mayoría de los votos negativos procedieron del grupo “European Conservatives, Patriots & Affiliates”, al que pertenece la AfD alemana. De hecho, los tres representantes de este partido fueron los únicos diputados alemanes que votaron en bloque contra la resolución.
El respaldo científico y social
La iniciativa se apoya en un informe presentado por la diputada laborista británica Kate Osborne, aprobado previamente por unanimidad en el Comité de Igualdad y No Discriminación. El informe alerta de que estas prácticas continúan aplicándose en muchos países, a menudo de forma encubierta, a pesar del creciente consenso científico sobre el daño que provocan.
Ese consenso es amplio y sólido. En 2023, la Asociación Médica Mundial reafirmó que los tratamientos destinados a “curar” la homosexualidad o la transexualidad son peligrosos y antiéticos, y los calificó como una amenaza directa para la salud y los derechos humanos. A ello se suma el apoyo social: una Iniciativa Ciudadana Europea contra estas prácticas superó el millón de firmas, y la Comisión Europea anunció en octubre medidas para combatirlas a nivel comunitario.
La presión de grupos fundamentalistas
Pese a este respaldo, la resolución se enfrentó a una fuerte oposición de grupos religiosos y ultraconservadores. La plataforma fundamentalista CitizenGo entregó al Parlamento una petición con más de 160.000 firmas, presentando la iniciativa como una supuesta “mordaza queer”. Su discurso se centró especialmente en la identidad de género, un tema convertido en blanco recurrente de ataques políticos desde la extrema derecha.
Durante el debate parlamentario, se repitieron escenarios alarmistas sobre menores “confundidos” y supuestas restricciones a la libertad religiosa. Estas narrativas fueron amplificadas por organizaciones transfóbicas y por algunos diputados, como el representante polaco del PiS Pawel Jablonski, cuyos intentos de introducir enmiendas fracasaron.
La posición de la AfD y la “ideología de género”
La única voz alemana que intervino en el debate fue la diputada de la AfD Martina Kempf, quien denunció una presunta limitación de la libertad religiosa y educativa. Kempf sostuvo que profesores, orientadores juveniles o religiosos no podrían dar “consejos bienintencionados” a menores que expresen dudas sobre su identidad de género, sino únicamente “confirmaciones”.
Otros miembros de la AfD, como el diputado federal Malte Kaufmann, calificaron la resolución en redes sociales como “woke” y cargada de “ideología de género”, alineándose con los argumentos de CitizenGo y de sectores cristianos fundamentalistas.
Europa avanza, aunque de forma desigual
Algunos países europeos ya han avanzado más rápido que otros. Malta fue pionera con una prohibición total en 2016, seguida por Francia, España y Bélgica. Otros Estados, como los Países Bajos, están en proceso legislativo. Alemania, por su parte, aprobó en 2020 una prohibición parcial que protege a menores, pero no a adultos.La resolución del Consejo de Europa no es jurídicamente vinculante, pero marca un estándar político y ético claro: en Europa no hay lugar para prácticas que niegan la identidad de las personas y vulneran su dignidad. El mensaje es inequívoco: no te podrán convertir en Europa, porque tu identidad no es una enfermedad que deba ser “curada”, sino un derecho que debe ser protegido.
